CFW - CAPITULO 1: DE LAS SANTAS ESCRITURAS

I. Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia manifiestan la bondad, sabiduría y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa, (Rom. 2:14,15. Rom. 1:19, 20. Sal. 19:1, 3. Rom. 1:32 y 2:1.) sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación; (I Cor. 1:21, y 2:13, 14.) por lo que plugo a Dios en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a si mismo y declarar su voluntad a su Iglesia, (Heb. 1:1.) y además, para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne, malicia de Satanás y del mundo, le plugo dejar esa revelación por escrito (Luc. 1:3, 4. Rom. 15:4. Isa. 8:20, Apoc. 22:18.) por todo lo cual las SANTAS ESCRITURAS son muy necesarias, (II Tim. 3:15. II Ped. 1:19.) y tanto más cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia (Heb. 1:1, 2.)


II. Bajo el titulo de SANTAS ESCRITURAS o la Palabra de Dios escrita, se contienen todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, y los cuales son como sigue:

ANTIGUO TESTAMENTO
Génesis II Crónicas Daniel
Éxodo Esdras Oseas
Levítico Nehemias Joel
Números Ester Amós
Deuteronomio Job Abdias
Josué Salmos Jonás
Jueces Proverbios Miqueas
Rut Eclesiastes Nahúm
I Samuel Cantar de los Cantares Habacuc
II Samuel Isaías Sofonías
I Reyes Jeremías Hageo
II Reyes Lamentaciones Zacarías
I Crónicas Ezequiel Malaquías


NUEVO TESTAMENTO
Mateo Efesios  "Hebreos
Marcos Filipenses Santiago
Lucas Colosenses I Pedro
Juan I Tesalonicenses II Pedro
Hechos II Tesalonicenses I Juan
Romanos I Timoteo II Juan
I Corintios II Timoteo III Juan
II Corintios Tito Judas
Gálatas Filemón Apocalipsis


Todos estos fueron dados por la inspiración de Dios para que sean la regla de fe y de conducta. (Efe. 2:20. Apoc. 22:18, 19. II Tim. 3:16.)


III. Los libros comúnmente titulados de Apócrifos, por no ser de inspiración divina, no deben formar parte del canon de las SANTAS ESCRITURAS, y por lo tanto no son de autoridad para la Iglesia de Dios, ni deben aceptarse ni usarse sino de la misma manera que otros escritos humanos. (Luc. 24:27, 44. II Ped.1:21.)


IV. La autoridad de las SANTAS ESCRITURAS, por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino enteramente del de Dios (quien en si mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas, porque son la palabra de Dios. (II Tim. 3:16. I Juan 5:9. I Tes. 2:13.)


V. El testimonio de la Iglesia puede movernos e inducirnos a tener para las SANTAS ESCRITURAS una estimación alta y reverencial; (I Tim. 3:15) a la luz que el carácter celestial del contenido de la Biblia, la eficacia de su doctrina, la majestad de. su estilo, el consenso de todas sus partes, el fin que se propone alcanzar en todo el libro (que es el de dar toda gloria a Dios), el claro descubrimiento que hace del único modo por el cual puede alcanzar la salvación el hombre, la multitud incomparable de obras de sus excelencias y su entera perfección, son todos argumentos por los cuales la Biblia demuestra abundantemente que es la Palabra de Dios. Sin embargo, nuestra persuasión y completa seguridad de que su verdad es infalible y su autoridad divina, provienen de la obra del Espíritu Santo, quien da testimonio a nuestro corazón con la palabra divina y por medio de ella. (I Juan 2:20, 27. Juan16:13, 14. I Cor. 2:l0, 11.)


VI. Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre es, o expresamente expuesto en las Escrituras o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia, y, a esta revelación de su voluntad, nada será añadido, ni por nuevas revelaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres. (II Tim. 3:16, 17. Gal. 1:8. II Tes. 2:2.) Sin embargo, confesamos que la iluminación interna del Espíritu de Dios es necesaria para que se entiendan de una manera salvadora las cosas reveladas en la palabra, (Juan 6:45. I Cor. 2:9, l0, 12.) y que hay algunas circunstancias tocante al culto de Dios y el gobierno de la iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz de la naturaleza y de la prudencia cristiana, pero guardándose siempre las reglas generales de la palabra. (I. Cor. ll:13, 14, y14:26, 40.)


VII. Las cosas contenidas en las ESCRITURAS, no todas son igualmente claras ni se entienden con la misma facilidad por todos; (II Ped. 3:16.) sin embargo, las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y declaran en uno u otro lugar de las ESCRITURAS, de tal manera que no sólo los eruditos, sino aun los que no son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios. (Sal. 119:105, 130.)


VIII. El Antiguo Testamento es auténtico en el Hebreo (que era el idioma común del pueblo de Dios antiguamente,) y el Nuevo Testamento lo es en el Griego, (que en el tiempo en que fue escrito era el idioma más conocido entre las naciones,) porque en aquellas lenguas fueron inspirados directamente por Dios, y guardados puros en todos los siglos por su cuidado y providencia especiales. (Mat. 5:18.) Por esta razón debe apelarse finalmente a los originales en esos idiomas en toda controversia. (Isa. 8:20.) Como estos idiomas originales no se conocen por todo el pueblo de Dios, el cual tiene el derecho de poseer las ESCRITURAS y gran interés en ellas, a las que según el mandamiento debe leer y escudriñar en el temor de Dios, (Juan 5:39.) se sigue que la Biblia debe traducirse a la lengua vulgar de toda la nación a donde sea llevada, (I Cor. 14:6, 9, 11, 12, 24, 27, 28.) para que morando abundantemente la palabra de Dios en todos, puedan adorarle de una manera aceptable, (Col. 3:16.) y para que por la paciencia y consolación de las ESCRITURAS tengan esperanza. (Rom. 15:4.)


IX. La regla infalible para interpretar la Biblia, es la Biblia misma, y por tanto, cuando hay dificultad respecto al sentido verdadero y pleno de un pasaje cualquiera (cuyo significado no es múltiple, sino uno solo.) éste se puede buscar y establecer por otros pasajes que hablan con más claridad del asunto (Hec. 15:15. Juan 5:46.)


X. El Juez Supremo por el cual deben decidirse todas las controversias religiosas, todos los decretos de los concilios, las opiniones de los hombres antiguos, las doctrinas de hombres y de espíritus privados, y en cuya sentencia debemos descansar, no es ningún otro más que el Espíritu Santo que habla en las ESCRITURAS (Mat. 22:29, 31. Efe. 2:20. Hec. 28:25.)