Introducción

Se denomina canon bíblico a la lista de libros que son reconocidos por la Iglesia como texto sagrado de inspiración divina. ¿Eso quiere decir que la iglesia manipula qué libros son bíblicos y cuales no? ¿Significa que se pueden descubrir nuevos evangelios y ser agregados a la Biblia? ¿Es la Biblia entonces una recopilación humana o es la Revelación de Dios? ¿Es bueno leer la Biblia? ¿Todas las interpretaciones del texto bíblico son válidas? ¿Cómo sé si interpreto bien lo que estoy leyendo en la Biblia?

Estas y otras preguntas serán contestadas en la presente clase, tienes alguna duda relacionada, no temas plantearla en el desarrollo de las actividades.

- ¿Qué es un canon?

La palabra canon que proviene del griego “kanón”, significaba primitivamente una caña recta que servía para medir. Esta es la razón de que los gramáticos alejandrinos llamasen “kanón” a la colección de obras clásicas que, por su pureza de lengua, eran dignas de ser consideradas como modelos. Los autores eclesiásticos antiguos dieron a la voz canon significaciones muy variadas. A partir de la mitad del siglo II se emplea “kanón” en sentido moral, para designar la regla de la fe (“ho kanón tes písteos”), la regla de la verdad (“ho kanón tes alethéias”), la regla de la tradición (“ho kanón tes paradóseos”), la regla de la vida cristiana o de la disciplina eclesiástica (“ho kanón tes ekklesías”, “ho ekklesiastikós kanón”). La palabra canon, aplicada a la Sagrada Escritura, empieza a usarse en el siglo III. Del sustantivo canon se deriva el adjetivo canónico (“kanonikós”). Finalmente, del adjetivo canónico se formó el término abstracto canonicidad, que expresa la cualidad de algún libro que por su autoridad y origen es divino y, en cuanto tal, ha sido reconocido por la iglesia en el canon de los Libros Sagrados.

- ¿Cómo es reconocido un libro como canónico?
Si bien los términos canónico e inspirado son equivalentes bajo muchos conceptos, sin embargo, canonicidad e inspiración se distinguen formalmente. De hecho, todos los libros canónicos son inspirados, y no existe ningún libro inspirado que no esté en el canon de las Sagradas Escrituras. Sin embargo, un libro es inspirado por el hecho de tener a Dios por autor, y canónico, en cuento que fue reconocido por la Iglesia como inspirado. Por consiguiente, la canonicidad supone, además del hecho de la inspiración, la declaración del carácter de inspirado. Esta declaración no añade nada al valor interno del libro, cuyo valor canónico procede precisamente de su inspiración, reconociendo al libro sagrado con autoridad absoluta y lo convierte en regla infalible de la fe y práctica.

En términos simples, por ejemplo, tiempo atrás revisando unos papeles, encontré una nota escrita por mi padre, la reconocí de inmediato por la caligrafía que él tenía, no estaba firmada, pero reconocí la letra de él y su forma de expresar las ideas. El hecho que yo la haya reconocido a mi papá como autor de la nota no se debe a que yo lo diga, sino a que indudablemente él la escribió, y la reconocí entre medio de muchos otros papeles escritos e impresos. De la misma forma los hijos de Dios que forman la iglesia, guiados por el Espíritu Santo, reconocen la autoría de los libros inspirados por Dios entre muchos otros libros.